Por Jorge Bustamante

Mire, el tema del litio acá en Sonora —por rumbos de Bacadéhuachi— no es cualquier cosa.
Desde que se supo que había uno de los yacimientos más grandes del mundo, muchos pensaron: “ahora sí nos va a ir mejor”. Pero la verdad es que, al día de hoy, la cosa está más enredada que avanzada.

¿En qué va el proyecto?
Pues pa’ pronto, no ha arrancado como se esperaba. El gobierno decidió que el litio ya no lo iban a trabajar empresas privadas, sino que ahora es del Estado, a través de una empresa que se llama LitioMX.
La idea suena bien en papel, pero en la práctica no se ha visto movimiento fuerte. No hay inversión grande ni trabajos que uno diga “ya empezó esto en serio”. La gente acá lo ve y dice: “puro anuncio, pero nada de maquinaria trabajando”.

El pleito legal
Y luego viene otro problema: los pleitos.
Antes de que el gobierno cambiara las reglas, ya había empresas metidas, como una china muy grande. Entonces ahora traen broncas legales porque esas compañías dicen que tenían derechos. Total, eso tiene todo parado. Nadie quiere meterle dinero mientras no se aclare quién manda realmente. Y mientras tanto, el proyecto sigue en pausa.

El agua: la preocupación más grande
Pero donde sí hay preocupación de verdad, de la gente de a pie, es con el agua. Acá en Sonora el agua no sobra, eso todo mundo lo sabe. Y para sacar litio, especialmente del tipo de tierra que hay aquí (arcilla), se necesita un montón de agua.
Entonces la raza dice:“¿Y de dónde la van a sacar? ¿Nos la van a quitar a nosotros o qué?” Hay miedo de que los pozos se sequen, de que la agricultura se vea afectada y de que los pueblos se queden batallando más de lo que ya batallan.

Desconfianza por lo que ya pasó
Y no es paranoia. Aquí mismo ya pasó algo muy fuerte con la minería: el derrame de 2014 en el Río Sonora. Mucha gente todavía no se recupera de eso. Hubo contaminación, enfermedades, pérdidas económicas… y la confianza quedó muy dañada. Por eso ahora muchos dicen: “Si antes no cuidaron el agua, ¿por qué ahora sí?”

La gente y la falta de voz
Otro tema que molesta es que muchas comunidades sienten que no les han preguntado bien. No hay suficiente información clara ni consultas como deberían ser. Y eso prende focos rojos, porque la gente no quiere que les impongan algo que puede afectar su vida diaria.

Conclusión
Así como está la cosa, el litio en Sonora sigue siendo más promesa que realidad. Entre pleitos legales, falta de avances y el miedo por el agua y la contaminación, la gente está con la guardia arriba. Aquí no se trata solo de dinero o desarrollo… se trata de la tierra, el agua y la forma de vida de toda una región. Y como dicen por acá: “Primero que no nos vayan a dejar peor de como estamos.”