Esta es una serie de artículos acerca de qué es un trauma, cuáles son los síntomas que nos
indican que podríamos estar sufriendo de Trastorno de Estrés Postraumático (TEPT), y cómo
funciona nuestro cerebro en respuesta al trauma. A través de esta información, podremos
comprender mejor qué podemos hacer si identificamos signos de TEPT en nosotros mismos o en
algún ser querido.

Por Maria C. Cala, Psicologa

¿Qué es un trauma?
Cuando estamos expuestos a uno o más eventos traumáticos, se puede desencadenar una serie de síntomas que conocemos como Trastorno de Estrés Postraumático (TEPT).

El TEPT puede presentarse a cualquier edad como consecuencia de experiencias relacionadas con peligro de muerte, agresiones físicas o sexuales, eventos catastróficos, accidentes, maltrato o por haber sido testigo de alguno de estos sucesos. Los traumas pueden ser reales o percibidos. Cuando el cerebro “enciende la alarma” y se desencadenan los síntomas, no distingue si la situación es real y está ocurriendo en ese momento, si sucedió en el pasado o si fue una amenaza percibida sin que existiera un peligro real.

Si los síntomas duran menos de un mes después del evento traumático, se habla de Estrés Agudo. Sin embargo, cuando persisten durante más de un mes y afectan la capacidad de la persona para funcionar adecuadamente en su familia, trabajo o escuela, se considera TEPT.

No todas las personas con TEPT han experimentado directamente un hecho peligroso. En algunos casos, el simple hecho de enterarse de que un familiar o amigo cercano vivió una experiencia traumática puede desencadenar este trastorno.

El evento traumático que provoca el TEPT puede ser corto e intenso, como ocurre en un accidente, un asalto o un desastre natural. También puede ser prolongado y repetitivo, como sucede en situaciones de violencia doméstica, maltrato infantil o experiencias de acoso.

Ahora bien, si comprendemos qué puede producir un TEPT, podemos preguntarnos cuántas personas inmigrantes han vivido traumas intensos, intermitentes o incluso continúan experimentándolos.

Tomemos como ejemplo a las cientos de personas que han cruzado el Tapón del Darién, la peligrosa selva entre Colombia y Panamá, “conocida ampliamente por ser una de las rutas más mortíferas del mundo. Quienes la atraviesan sufren el impacto del aislamiento extremo, la violencia criminal severa y condiciones naturales extremas para la supervivencia” (“La ruta de la muerte: ¿por qué es tan peligroso el paso por el Darién?”, France 24 Español, 16 de abril de 2024).

Miles de migrantes, huyendo de la pobreza, las amenazas de muerte y la violencia, entre otras circunstancias, se aventuran a recorrer esta ruta en busca de una vida mejor para ellos y sus familias, con la esperanza de llegar a los Estados Unidos. Personas provenientes de Sudamérica, Haití, África y Asia enfrentan enormes deudas económicas para emprender el viaje. Deben atravesar más de 100 kilómetros de selva tropical bajo condiciones físicas extremas durante varios días, enfrentando enfermedades, animales salvajes, muertes a lo largo del camino, violencia por parte de grupos armados que roban y ejercen violencia sexual contra mujeres y personas LGBTQ+, así como hambre, sed, sentimientos de vulnerabilidad, abuso, soledad, culpa e intenso miedo.

Es importante recordar que la incertidumbre y el temor no terminan al sobrevivir esta travesía. Después de cruzar el Darién, aún deben atravesar otros países antes de llegar a la frontera de los Estados Unidos.

Solo quienes han vivido estas experiencias conocen la intensidad y severidad de los síntomas con los que se levantan día tras día mientras continúan luchando por construir una estabilidad cada vez más frágil.

Para ellos existe este espacio: una voz, una oportunidad para comprender lo que les ocurre y una guía para conocer los recursos y profesionales que pueden ayudarles.