Lejos de ser un deterioro inevitable, entender estos cambios hormonales es la clave para transformar el cuidado de la piel desde la prevención y la ciencia

Por Mariel García, Dermatocosmeatra

La perimenopausia y la menopausia representan una etapa de importantes cambios hormonales que también se reflejan en la piel. La disminución progresiva de los estrógenos afecta diferentes estructuras cutáneas y puede modificar tanto su aspecto como su función.

Uno de los cambios más relevantes es la disminución de la producción y el contenido de colágeno. Durante los primeros años posteriores a la menopausia puede producirse una pérdida significativa de colágeno, acompañada de una reducción de la elasticidad y del grosor de la piel. Esto puede manifestarse como mayor flacidez, arrugas y pérdida de firmeza, especialmente en rostro, cuello y tercio inferior facial (Viscomi et al., 2025).

También disminuye la capacidad de la piel para conservar agua, debido, entre otros factores, a cambios en la función de las glándulas sebáceas y en la barrera cutánea. Por eso es frecuente experimentar mayor sequedad, tirantez, sensibilidad y una textura más fina. La cicatrización y la capacidad de respuesta frente a determinadas agresiones también pueden verse afectadas (Thornton, 2013).

El cuidado durante esta etapa debe ser integral. Una limpieza adecuada, hidratación sostenida, activos antioxidantes y reparadores, protección solar diaria y el estímulo de la renovación y producción de colágeno pueden ayudar a mantener la calidad de la piel. Los procedimientos dermatocosméticos pueden complementar este abordaje, siempre considerando las características individuales de cada piel.

La terapia hormonal menopáusica puede producir beneficios sobre algunos parámetros cutáneos, como el contenido de colágeno, el grosor y la elasticidad; sin embargo, no debe indicarse exclusivamente con finalidad estética y su utilización debe ser evaluada por el profesional médico correspondiente (Viscomi et al., 2025).

Comprender estos cambios permite dejar de pensar en la menopausia como una etapa de “deterioro inevitable” y comenzar a abordarla desde la prevención, el conocimiento y el cuidado integral.

Thornton, M. J. (2013). Estrogens and aging skin. Dermato-Endocrinology, 5(2),264–270. https://doi.org/10.4161/derm.23872Viscomi, B., Muniz, M., & Sattler, S. (2025). Managing menopausal skinchanges: A narrative review of skin quality changes, their aesthetic impact,and the actual role of hormone replacement therapy in improvement. Journalof Cosmetic Dermatology, 24(Suppl. 4), e70393.https://doi.org/10.1111/jocd.70393Farkas, E., Goldblatt, A., Nehorayan, I., Lefkowitz, R. B., Fleshner, L., Tepper,K., & Marmon, S. (2026). Topical estrogen for skin aging: A systematic reviewof safety and efficacy. Journal of the American Academy of Dermatology,94(1), 212–215. https://doi.org/10.1016/j.jaad.2025.08.050