La contaminación ambiental y el humo de incendios forestales impactan directamente en la salud y estética cutánea, superando la visión tradicional que limita sus daños al sistema respiratorio

Por Mariel Garcia, Dermatocosmeatra

Cuando pensamos en contaminación del aire, generalmente la asociamos con problemas respiratorios, cardiovasculares o ambientales. Sin embargo, existe otro órgano que está en contacto permanente con el ambiente y que también recibe sus consecuencias: la piel.

La piel constituye nuestra principal barrera frente al medio externo y está expuesta diariamente a radiación ultravioleta, temperatura, humedad y diferentes contaminantes atmosféricos. Entre ellos se encuentran las partículas en suspensión, especialmente las partículas finas PM2.5 y PM10, el ozono, los óxidos de nitrógeno y otros compuestos derivados de procesos de combustión. La Organización Mundial de la Salud reconoce a la contaminación atmosférica como uno de los principales riesgos ambientales para la salud y señala que los incendios forestales constituyen una fuente importante de contaminación del aire (World HealthOrganization [WHO], 2024).

¿Qué ocurre cuando el aire contaminado entra en contacto con la piel?

Uno de los principales mecanismos involucrados es el estrés oxidativo. Algunas partículas y sustancias presentes en la contaminación pueden favorecer la formación de especies reactivas de oxígeno, moléculas capaces de alterar estructuras celulares. Cuando la producción de estas moléculas supera la capacidad antioxidante de la piel para neutralizarlas, se genera un estado de estrés oxidativo.

Este proceso puede activar vías inflamatorias y afectar componentes fundamentales de la piel. Las investigaciones han demostrado que la exposición a material particulado puede alterar la función de la barrera cutánea, aumentar el estrés oxidativo y estimular respuestas inflamatorias (Puri et al., 2021).Una barrera cutánea alterada puede traducirse en mayor pérdida de agua, sensación de tirantez, sequedad, sensibilidad e irritación. Además, una piel cuya barrera está comprometida puede reaccionar con mayor facilidad frente a otros factores ambientales.

Contaminación y envejecimiento cutáneo

El envejecimiento de la piel no depende únicamente del paso del tiempo. La exposición acumulativa a factores ambientales participa de manera importante en el denominado foto envejecimiento y envejecimiento extrínseco. La contaminación atmosférica puede contribuir a este proceso mediante estrés oxidativo, inflamación y alteraciones de componentes de la matriz extracelular. Diferentes estudios epidemiológicos han encontrado asociaciones entre la exposición a partículas contaminantes y signos de envejecimiento cutáneo, especialmente la aparición de manchas pigmentarias y, en menor medida, arrugas (Vierkötter et al., 2010).

También existe evidencia de que determinados contaminantes pueden activar receptores celulares, como el receptor de hidrocarburos de arilo (AhR),desencadenando respuestas que favorecen la producción de melanina y la inflamación. De esta manera, la contaminación puede convertirse en un factor ambiental adicional en la aparición o intensificación de alteraciones de la pigmentación (Krutmann et al., 2017).
Esto es particularmente interesante cuando hablamos de estética: una piel expuesta de manera reiterada a contaminación puede presentar tono menos uniforme, mayor tendencia a la pigmentación, aspecto apagado y signos de envejecimiento prematuro.

El humo de los incendios: una situación especialmente preocupante

En los últimos años, los incendios forestales han adquirido una dimensión creciente como problema ambiental y sanitario. El humo puede desplazarse grandes distancias y afectar incluso a personas que se encuentran lejos del foco del incendio.
El humo de los incendios contiene una mezcla compleja de contaminantes, entre ellos partículas finas PM2.5 y diferentes gases y compuestos químicos. Estas partículas son suficientemente pequeñas como para penetrar profundamente en el aparato respiratorio, pero también representan una fuente importante de exposición ambiental para la piel (National Institutes of Health [NIH], 2026).

La evidencia científica sobre los efectos dermatológicos del humo de incendios todavía es menor que la disponible para el sistema respiratorio. Sin embargo, los estudios existentes son relevantes. Una investigación realizada después de los incendios forestales de Canadá en 2023 observó un aumento de consultas dermatológicas relacionadas con dermatitis atópica, dermatitis y eccema coincidiendo con episodios de deterioro de la calidad del aire (Fadadu et al., 2023).
Otro estudio encontró que la exposición a contaminación atmosférica asociada a incendios forestales se relacionó con un incremento de consultas por dermatitis atópica y prurito tanto en población pediátrica como adulta (Fadadu et al., 2021).

Esto permite comprender que el problema no se limita a una cuestión estética. En personas con una piel especialmente sensible o con enfermedades inflamatorias preexistentes, los episodios de mala calidad del aire pueden actuar como desencadenantes o agravantes de síntomas cutáneos.

Contaminación + radiación solar: una combinación que debemos considerar

La piel no está expuesta a un único agresor ambiental. En la vida cotidiana pueden coexistir contaminación atmosférica y radiación ultravioleta.Esta combinación resulta especialmente importante porque algunos estudios experimentales han observado que la exposición simultánea a material particula doy radiación UVA puede aumentar el estrés oxidativo y las respuestas inflamatorias relacionadas con el envejecimiento celular. También se han observado mecanismos relacionados con la degradación del colágeno y la senescencia celular (Kim et al.,2021).

Por eso, cuando hablamos de prevención del envejecimiento cutáneo, ya no resulta suficiente pensar exclusivamente en el sol. La calidad del aire forma parte del conjunto de factores ambientales que debemos considerar.

¿Qué podemos hacer desde el cuidado de la piel?

No podemos controlar completamente el aire que respiramos, pero sí podemos reducir algunos de sus efectos sobre nuestra piel.
Una rutina sencilla y constante puede ser más importante que una gran cantidad de productos. La limpieza adecuada permite retirar partículas y residuos depositados sobre la superficie cutánea sin provocar una agresión adicional. Mantener una buena función de barrera mediante una hidratación apropiada también resulta fundamental.
Los antioxidantes tópicos son otro recurso de interés, aunque la evidencia sobre los llamados productos “antipolución” todavía es variable y no todos los productos tienen la misma eficacia. Una revisión sobre estrategias de protección frente al material particulado destaca especialmente la importancia de preservar la función de la barrera cutánea (Choi et al., 2021).
Y existe un elemento que continúa siendo indispensable: la foto protección diaria. Reducir la exposición a radiación ultravioleta permite disminuir uno de los principales factores ambientales relacionados con el envejecimiento cutáneo.

Durante episodios de humo intenso, además, es importante seguir las recomendaciones de las autoridades sanitarias respecto de la calidad del aire, disminuir la exposición innecesaria al exterior y prestar especial atención apersonas con enfermedades respiratorias o cutáneas.

Una nueva mirada sobre la salud de la piel
La piel refleja, en cierta medida, el ambiente en el que vivimos. Durante mucho tiempo hablamos principalmente del sol como factor externo responsable del envejecimiento cutáneo. Hoy sabemos que la realidad es más compleja.
La contaminación atmosférica, el material particulado, los gases contaminantes y el humo de los incendios pueden contribuir al estrés oxidativo, la inflamación, la alteración de la barrera cutánea y determinados procesos relacionados con el envejecimiento y la pigmentación.
Cuidar la piel, entonces, no significa solamente tratar lo que vemos en el espejo.También implica comprender los factores ambientales que pueden modificar su funcionamiento.
Porque una piel saludable no es simplemente una piel que se ve bonita: es una piel cuya barrera funciona correctamente, que puede defenderse de las agresiones externas y que recibe cuidados adecuados frente a un ambiente cada vez más desafiante.

Choi, H., Lee, H., Kim, J., & Park, J. (2021). Anti-pollution skincare: Research on effective ways to protect skin from particulatematter. Dermatologic Therapy, 34(4), e14960. https://doi.org/10.1111/dth.14960Fadadu, R. P., Grimes, B., Jewell, N. P., Vargo, J., Young, A. T., Abuabara, K., Balmes, J. R., & Wei, M. L. (2021). Associationof wildfire air pollution and health care use for atopic dermatitis and itch. JAMA Dermatology, 157(6), 658–666.https://doi.org/10.1001/jamadermatol.2021.0179Fadadu, R. P., Chen, J. Y., Wei, M. L., et al. (2023). The burden of air pollution on skin health: A brief report and call to action.Dermatology and Therapy, 13, 2811–2815. https://doi.org/10.1007/s13555-023-01080-1Kim, K. E., Cho, D., & Park, H. J. (2021). Air pollution and skin aging. Current Environmental Health Reports, 7, 460–466.https://doi.org/10.1007/s40572-020-00262-9
Krutmann, J., Bouloc, A., Sore, G., Bernard, B. A., & Passeron, T. (2017). The skin aging exposome. Journal of DermatologicalScience, 85(3), 152–161. https://doi.org/10.1016/j.jdermsci.2016.09.015Puri, P., Nandar, S. K., Kathuria, S., & Ramesh, V. (2021). Effects of air pollution on the skin: A review. Indian Journal ofDermatology, 66(1), 1–8.Vierkötter, A., Schikowski, T., Ranft, U., Sugiri, D., Matsui, M., Krämer, U., & Krutmann, J. (2010). Airborne particle exposureand extrinsic skin aging. Journal of Investigative Dermatology, 130(12), 2719–2726. https://doi.org/10.1038/jid.2010.204World Health Organization. (2024, October 24). Ambient (outdoor) air pollution and health. https://www.who.int/news-room/fact-sheets/detail/ambient-%28outdoor%29-air-quality-and-healthNational Institutes of Health. (2026, July). Watch out for wildfire smoke. NIH News in Health.