La integración equitativa del hombre en las tareas domésticas y la crianza no solo fortalece la
estabilidad del matrimonio, sino que resulta determinante para el desarrollo integral de los
hijos.

Por Fernando Cornejo Suarez

La historia casi siempre nos ha mostrado el modelo familiar en el que el hombre va en busca del sustento y la mujer se encarga del lugar que habitan y del cuidado de los hijos. Muchos de los que tienen más de cincuenta años de edad recordarán que el padre antes era “la ley y el orden”. Aquel “-Ya vas a ver cuando llegue tu padre y le cuente lo que hiciste” era muy común en los viejos tiempos.

Sin embargo, las madres no lo hacían por no poder administrar disciplina, sino como un método de mantener el control. De este modo, el hombre simplemente aportaba un papel de “regulador”.

Más difícil que compartir igualitariamente la educación de los hijos ha sido, y es, que un esposo acepte una división equitativa de las tareas del hogar. Estudios afirman que esta es una de las causas más importantes de desacuerdo en una pareja. La gran mayoría de las mujeres de hoy trabajan fuera de la casa al igual que sus esposos. Aun así, hay quienes consideran que, aunque tenga un empleo, el cuidado del hogar y de los hijos sigue siendo responsabilidad exclusiva de la madre.

Un artículo de la American Psychological Association cita que “muchas mujeres han agregado el papel de trabajadoras remuneradas, pero sin ser relevadas de ser amas de casa de tiempo completo”. Resulta obvio que tal modelo no es equitativo. Cuando un hombre se involucra en el cuidado de la casa y la crianza de los niños en forma igualitaria con su esposa, los resultados son matrimonios más felices e hijos que crecen dentro de un modelo más armónico y acorde con la evolución de la sociedad.

Pongamos énfasis en la palabra “involucrarse”, en lugar de decir que un hombre debe “ayudar” en el cuidado del hogar y en la crianza de los hijos. Un hogar es un espacio físico y emocional compartido; es de todos, y todos deben estar involucrados por igual, de acuerdo a sus capacidades.

La ciencia afirma que la cercanía del padre en la educación de los hijos promueve un mejor crecimiento físico e intelectual. El profesor Paul Amato, catedrático en Sociología Familiar y Demografía de la Universidad de Pennsylvania, afirma que “la cercanía del padre en la educación de los hijos es esencial para su desarrollo integral”. Los textos de estudio de hace más de cincuenta años definían a la familia como “la unidad primera y necesaria”. Sin embargo, no explicaban la importancia de una participación igualitaria de los esposos dentro de la misma.

Tal vez no sea fácil llegar a que, mayoritariamente, padres y madres compartan sus tareas en forma equitativa. Es parte de un largo aprendizaje sobre el modelo de sociedad que buscamos. Al menos, y, como siempre, habría que empezar por nuestra casa.

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