Decir «no» no es egoísmo ni falta de educación; es un acto definitivo de límites personales y autodeterminación.

Por Francisco Pineda

Gabriel García Márquez, Premio Nobel de Literatura, dijo una vez: “Lo más importante que aprendí después de los cuarenta años fue a decir que no”

Al alcanzar la madurez, el escritor colombiano descubrió algo esencial: decir que no también es una forma de libertad. Para algunos, o tal vez para muchos, decir que NO es muy difícil. Varios estudios sugieren que algunas razones para ello son:

Miedo al rechazo
Baja autoestima 
Búsqueda de aprobación
Culpa excesiva
Miedo al conflicto

Aunque también tiene que ver con la personalidad de cada persona y de su grado de sensibilidad o insensibilidad.

La cultura juega también un papel muy importante, pues es sabido que, en Latinoamérica, por ejemplo, se es más complaciente que en la cultura anglosajona. Algunos estudiosos del tema sugieren que también se puede deber a la educación que hemos recibido, pues no queremos parecer «maleducados».

Las razones pueden ser muy variadas, pero la cuestión importante aquí es cómo aprender a decir que no y sobrevivir al intento. Desde luego, aprender a decir que no, no es algo sencillo. Aquí algunas sugerencias:
Primero debemos pensar por qué debemos decir que sí a algo de lo que tal vez no estamos muy convencidos. Luego debemos evaluar las posibles consecuencias o efectos de decir que sí. Esto último tiene que ver con fijarnos ciertos límites a nosotros mismos, y no pocas veces tiene que ver con lo financiero. Debemos tratar también de identificar si no se nos está planteando un chantaje moral, y si decir que no significa que perderemos una amistad o afecto. Debemos pensar también si no tiene que ver con nuestro ego, si al decir que sí estamos queriendo “quedar bien” con alguien.

Debemos practicar el decir que no, pues una negativa brusca de nuestra parte puede ofender; debemos aprender a dar negativas asertivas o claras que no dejen dudas y a la vez convenzan a nuestros interlocutores. Probablemente nos equivoquemos al principio, es decir, cuando empecemos a practicar a decir que no, pero no debemos preocuparnos, pues siempre podremos rectificar más fácilmente un "no" que un "sí".

Y no se trata de andar por el mundo negándonos a todo o rechazando todo, pero sí debemos ser cuidadosos con lo que aceptamos en nuestra vida, pues toda respuesta, ya sea negativa o positiva, tendrá consecuencias o efectos que a veces nos seguirán toda la vida. La edad de cada persona también es algo importante; las personas mayores, en muchos casos, ya no tienen la presión económica o social de cuando fueron jóvenes y eso hace más fácil para ellos el tomar decisiones.

El gran Gabo dijo también que, con la edad, descubrió que muchas veces es mejor restar que sumar, hablando, creo yo, de las amistades o relaciones que valen la pena. La vida es un proceso continuo de tomar decisiones a cada momento, y cada decisión repercutirá en nuestra vida para bien o para mal. El tomar decisiones correctas no es algo fácil, especialmente cuando se es joven o inexperto, pero el detenerse a pensar, aunque sea momentáneamente, antes de decir que sí o que no, puede hacer la diferencia entre una vida feliz o una infeliz.

Porque, como dejó claro el propio Gabo, la sabiduría no siempre consiste en saber qué hacer, sino en saber qué rechazar.