Alla vamos

May 6, 2026

Por Mauricio Almada

La cantidad de turistas que se mueven por el mundo llegó a 1520 millones de personas y la tendencia es al crecimiento sostenido de ese movimiento, según datos de Naciones Unidas.
La población mundial es de 8300 millones, por lo cual la cifra de los viajeros adquiere especial relevancia.
La gente viaja por interés cultural, para disfrutar del ocio, por negocios y por múltiples motivos, generando el 10% del PBI mundial, un motor poderoso de las economías.

Tan poderoso que a su paso no solo deja dinero y riqueza cultural, sino que también produce fenómenos adversos como la contaminación ambiental, la gentrificación, y la transformación de tradiciones en productos de exportación.

Muchos destinos turísticos han tenido que protegerse ante la masividad delos visitantes.
El museo del Louvre está construyendo una sala especial, fuera del edificio principal, solo para exhibir La Gioconda, Diariamente más de 20.000 personas se sacan fotos con sus celulares ante el pequeño cuadro que pintó Leonardo da Vinci. Son el 80% de las visitas diarias a todo el Louvre.

La decisión del museo muestra una medida inteligente. Si tantos turistas quieren hacer eso, pues que haya una edificación propia para La Gioconda y al mismo tiempo se descongestiona el edificio principal del museo.

En Perú se discute el futuro de Machu Pichu, que es visitado por casi tres millones y medio de personas por año. Esto genera una amenaza a la conservación del patrimonio histórico y cultural y también produce cuellos de botella en los movimientos de los turistas, afectando la experiencia delos viajeros.

En cuanto a la gentrificación, lejos de detenerse, no para de crecer. En barrios de algunas ciudades donde antes habitaba la población local, ahora sus viviendas son alquiladas a turistas a través de plataformas, los cuales llegan por algunos días y después se produce el remplazo.
Otras viviendas son ocupadas por comercios gastronómicos, o de venta de recuerdos de viaje, o de cualquier cosa que se le pueda vender al turista. En todo caso esto va a acompañado del abandono del barrio por parte dela que era la población local, y esas zonas se van pareciendo más a una escenografía que a una localía real.

El escritor español Arturo Pérez Reverte fustigó al turismo masivo al hablar de Sevilla. Si bien reconoció que esa clase de turismo “beneficia económicamente a la ciudad, al menos de forma inmediata, las transformaciones que el fenómeno impone, la reconversión de lo propio y tradicional para adaptarse a las exigencias de masas de visitantes, matan esencias e igualan lugares.

Para Pérez Reverte la belleza ni el carácter de una ciudad pueden sobrevivir a cinco, diez o veinte mil turistas volcados sobre ella cada día desde trenes, aeropuertos y cruceros.

Todo parece indicar que el turismo no se va a detener y que crecientes masas de viajeros van a desparramarse por el mundo. No se puede ir contra la corriente, pero tampoco dormirse. Poner límites, proteger el patrimonio y conservar identidad, no significa cerrar fronteras, sino pensar en un futuro sostenible para un sector de vital importancia.