El mundo exterior no siempre está bajo tu control, pero tu bienestar sí. Descubre cómo la aceptación consciente puede devolverte la calma en medio del caos

Por María Consuelo Cala, Psicóloga

En estos tiempos en los que nos sentimos bombardeados por informaciones, unas verídicas y muchas otras inventadas para crear desinformación y miedo, resulta difícil encontrar caminos para sentir paz y equilibrio emocional. Diariamente nos enteramos de desastres naturales a lo largo del planeta y, los más tristes, de los desastres humanos: desde guerras y violencia que involucra a menores de edad cada vez más jóvenes, hasta la persecución por el color de la piel o la etnia a la que pertenecemos nosotros o nuestros amigos.

Ante esta realidad, surgen preguntas inevitables: ¿Cómo manejar la incertidumbre? ¿Cómo podemos mantenernos informados y, a la vez, colocar una barrera entre la información exterior y nuestra vida privada?

Por esta razón, quiero hablarles del proceso de ACEPTACIÓN, una de las herramientas que nos permite enfrentar los desafíos de la vida, cultivar la resiliencia emocional y, en última instancia, incrementar la paz interior.

La ACEPTACIÓN es la disposición consciente y voluntaria para tolerar, recibir o reconocer una situación, emoción, pensamiento o una característica de nosotros mismos, sin intentar cambiarlo o evitarlo. Implica, por ejemplo: aceptar el fallecimiento de un ser querido permitiéndose vivir el duelo sin resistencia, reconocer nuestras limitaciones o errores sin castigarnos de manera inclemente, o bien enfrentar los retos diarios y emocionales difíciles con compasión hacia nosotros mismos. Es decir, la aceptación es un proceso en el que no nos escondemos de lo que está pasando ni de lo que estamos sintiendo. No lo negamos ni lo juzgamos como "bueno" o "malo". Al contrario, dejamos de luchar y dejamos de gastar energía en lo inevitable o en aquello que nos disgusta de nosotros mismos y que preferimos no enfrentar. Nos invita a mirar las cosas sin negar su existencia, pero también sin luchar destructivamente para eliminar los pensamientos y emociones que surgen alrededor de la situación. El resultado directo es la disminución del sufrimiento, que es precisamente lo que nos deja exhaustos cuando luchamos en contra del dolor o del miedo.

La aceptación nos invita a conocernos y comprendernos a través de la atención plena en el momento presente y sin emitir juicios (lo que conocemos como mindfulness). Nos enseña a mirar nuestros pensamientos y emociones actuales con calma y compasión. Se ha demostrado que estos ejercicios ayudan a disminuir los síntomas de: ansiedad, que nace de la preocupación por el futuro; depresión, que muchas veces nos ancla en el pasado; el trastorno de estrés postraumático y otras condiciones que nos alejan del aquí y el ahora, perdiéndonos en profundos sufrimientos.

Debido a que observar nuestra realidad externa e interna puede producir ansiedad o tristeza, es fundamental poner en práctica estrategias de regulación emocional, como son las técnicas de respiración y relajación, ejercicio físico regular a través de actividades aeróbicas como zumba, bicicleta, caminatas a paso regular o rápido, etc., la escritura terapéutica de diarios reflexivos para explorar pensamientos y emociones, y aprender a ver las situaciones complejas desde fuera, como un observador y no siempre como el protagonista afectado. Finalmente, clasifica las situaciones entre “lo que puedo cambiar” y enfócate en eso (mis hábitos, mis reacciones, mi auto cuidado), y lo que no puedo cambiar (los conflictos globales, el comportamiento de otra persona, aunque sea muy cercana a nosotros, las decisiones de otros, las cosas del pasado).

Nota importante: Si la carga emocional se vuelve demasiado pesada, el paso más valioso y valiente es buscar la guía y el asesoramiento de un profesional de la salud mental.